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Estándar

Si yo sé que tú eres, y tú sabes que yo soy, quién va a saber quién soy yo cuando tú no estés.

Sexta Parte. La Gran Marcha

          “Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón.

   Por supuesto el sentimiento que despierta el kitsch debe poder ser compartido por gran cantidad de gente. Por eso el kitsch no puede basarse en una situación habitual, sino en imágenes básicas que deben grabarse en la memoria de la gente: la hija ingrata, el padre abandonado, los niños que corren por el césped, la patria traicionada, el recuerdo del primer amor.

   El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lágrima dice: ¡Que hermoso, los niños corren por el césped!

   La segunda lágrima dice: ¡Que hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped!

   Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch.

   La hermandad de todos los hombres del mundo sólo podrá edificarse sobre el kitsch”.

Max Ernst

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