El secreto

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¡Hola, hola! Ya sé que tengo el blog… ¿abandonado? No, ¡ABANDONADÍSIMO! Pero tengo tantas cositas en esta cabecita loca, loca, loca con su loca realidad.

Bueno, hace algún tiempito me presenté al concurso de relatos hiperbreves (que es lo mío) Ma non troppo, y no gané, pero bonito fuera ganar en el primer concurso que me presento. Pero no hay mal que por bien no venga, y es que si presentaba el relato no podía estar publicado, y como el concurso ya terminó (Felicidades a los ganadores!! >Gran ovación<) pues ya puedo publicarlo ^^ (ay que ver, que triste mi vida que me alegro con cualquier cosa eh, que penca!) ¡Me alegra compartirlo con ustedes!

En fin, visitantes de Inopía, aquí les ofrezco con mi más sincera humildad “El secreto” que surgió tras ver (lo crean o no) el anuncio de Nina Ricci (de ahí el nombre del personaje del cuento, que me encanta!!), a esto le sumé después un estado que vi en Facebook, de una canción “Siempre quise ser gigante, rozar las nubes cuando subes y cambiar de ambiente. Notar el viento en el semblante, notarlo sonriente” ¿La canción? Ni repajolera de cuál es, pero yo me acordé del árbol del anuncio y dije “ya está! ya tengo la historia!” En el cuento está modificado pero es feo plagiar, plagiar es malo, los que plagian van al infierno, los plagios hacen llorar al niño jesús.

Pero qué tardo yo en buscarla? Naíta! Esta es (gracias google, fiel amigo): Rayden – Nunca será siempre

Uyyyys, y saben qué? ahora que la escuché creo que ya la había oído antes pero no es mi royo (ya saben, yo estoy enamorada de Of Monsters and Men). Me enrollo más que una persiana. Ya está. Sin más preámbulos. Mi último cuento: El secreto.

NinaRi y el rey árbol

El Secreto

El sol seguía saliendo por el este, el cielo era azul y el olor a petunias del parque seguía entrando por el balcón pero no, ese día no iba a ser como los demás.

            Recibió el primer mensaje hace nueve años y casi había logrado convencerse de que aquella aventura no había sido sino un sueño de la infancia pero ahí estaba, como aquella vez, un papel de plata pegado al espejo.

            Su madre se cansó de escuchar historias sobre una lechuza parlante y un mundo extraordinario donde un color era el gobernante. Ahora vivía con su padre y lo único que echaba de menos era la visión de la Torre Eiffel desde su habitación.

            Al Rey Blanco no le gustaba que le hicieran esperar así que dejó los recuerdos del pasado para otro momento y leyó la nota: “NinaRi, pequeña NinaRi, encuentra la manzana de rubí y sálvame”.

            Era increíble, dos recuerdos de Francia en un mismo día. Ahora la llamaban Nina a secas, sin esa ridícula ‘r francesa’ que le traía recuerdos de un divorcio, una madre incrédula y un sueño infantil sobre un mundo imaginario. No, no era imaginario, era real, fantástico pero real y ahora necesitaban de nuevo su ayuda.

            Dobló el papel de plata y lo metió en el bolsillo interior de su chaqueta, se colocó ante el espejo y miró su reflejo. No, si lo hacía, lo haría bien. Revolvió en su viejo baúl buscando aquel detalle tan francés que le regaló su madre antes de desaparecer durante una semana, cuando aún eran amigas.

            Se puso su boina roja y volvió frente al espejo. Tres palmaditas al corazón, tres golpes al espejo. Estaba preparada. Cerró los ojos y extendió el brazo. No había dudas, no había miedo. NinaRi regresaba a Inversa.

            Abrió los ojos, allí estaba de nuevo, puede que nadie tuviera conocimiento de aquel maravilloso lugar pero ahí, donde estaba, ella era la heroína de todos los tiempos. Alguien la saludó desde el cielo, era Pluma, una lechuza que lo sabía todo de lo que era necesario, es decir, no sabe de algo hasta que no es necesario, esa era su habilidad.

            “Bonjour, chère amie”. No había olvidado su idioma materno, su acento fue excelente. Le habría gustado hablar más con su vieja amiga pero el tiempo apremia y la luna no tardaría en esconderse. Extendió el papel de plata en el suelo, las letras se iluminaron y apareció ante ella el “Laberinto de lo Buscado”.

            Lo recordaba como un juego pero se había hecho mayor, no era momento de ponerse a jugar, tenía suerte de que Pluma la ayudara. La guiaba a un lado o a otro, hasta que al cabo de unas horas llegó al centro del laberinto. Un gran árbol blanco y un letrero “Quise ser gigante y rozar las nubes. Quise cambiar de ambiente y favor no tuve”.

            “Es el Rey Blanco, la Bruja Roja lo transformó en árbol y desde entonces, perenne, observa las estaciones” ululó Pluma en su mente. Comprendió que la manzana de rubí era el corazón del rey pero ¿dónde encontrarlo?

            Llamó a Clandestino, su caballo, su amigo, su fiel montura. Su habilidad era detener el tiempo y así fue hasta que llegaron al Monte Sincero “¡Muéstrame montaña, dónde está la manzana!”.

            Se vio a sí misma con ocho años mordiendo una manzana de Inversa: blanca la cáscara, roja la pulpa. Era ella, con un rubí por corazón, héroe y bruja a la vez, cuya alma de niña quedó atrapada en un mundo extraño que ahora quería gobernar.

            Así fue como se detuvo el tiempo en Inversa, y eso era algo que Pluma ya sabía.

[Mola la canción]

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  1. Pingback: La Bruja Roja | Inopía

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